Mi idea de vacaciones no es la playa. El solo pensar en cientas de miradas posándose sobre mis celulíticas nalgas me aterra. El short de jean nunca cubre lo suficiente y llega un momento en el cual indefectiblemente hay que pelar cuero y quedarse en bikini. Que la parte de abajo me queda chica. Que la de arriba grande. Que las “tetas” tienen forma de cono, que no me puse cubreojeras, que mirá a esa hija de puta que acaba de salir del mar y parece escapada de una tapa de Sports Illustrated y yo parezco un mix de Toti Ciliberto y un lobo marino (que dicho sea de paso se parecen bastante).
Mi idea de vacaciones es pasear por una ciudad o pueblo o espacio con construcciones. Con un sweater y un vestido estoy más que cómoda, y ni hablar si el entorno no invita a presentarse en “estado natural”. A diferencia del 90% de las mujeres que se sienten a gusto en aquellos ambientes en los cuales no es requerimiento embadurnarse de maquillaje y salir al acecho, mi interior reclama rimmel, delineador, cubre-ojeras, zapatos, carteras, tapados y demás. Esa soy yo relajada. Esa soy yo de vacaciones.
